jueves, 23 de febrero de 2017

Mis ojos son la libertad


(Yigal Ozori. Hiperrealismo)

Te equivocaste D. H. Difícil pero no imposible. Los lazos pueden desatarse y convertirse en lánguidas astillas, en cintas desflecadas, en restos de telas inservibles. Los lazos terminan aguándose si no se mantienen erguidos, si no se alimentan, se escriben, se extienden y se aman. De igual manera el amor que sientes se acaba si el objeto de ese amor no te cuida, no expresa lo que siente o, directamente, no siente nada. 

En las páginas de tus libros aleteaban Ursula y Gudrun queriendo ser las hadas que convirtieran a Birkin y a Gerald Crich a su propia religión. Una fe hecha de promesas, de intimidad y de silencios cómplices. De observación y de pequeños espacios compartidos. Una gran mansión y su biblioteca pueden ser un lugar seguro para encumbrar los sentimientos, pero también un viejo molino heredado, con su fachada blanca y ajada. 

Pero erraste en tu predicción. Hay un haz de luz que atraviesa el tiempo en que sufriste y que te devuelve la libertad inopinada. No esperabas que ocurriera pero sucede. No gozas ahora con la expectativa, con la llegada ni con la palabra, sino con el resplandor que tú misma lanzas al aire y que se vuelve, como un búmerang, cargado de rocío. El fresco rocío de una mañana sin angustias baldías. 

De lo cruel


(Pintura hiperrealista. Yigal Ozeri)

A veces respiro la crueldad. Noto su olor, el sabor salado que la antecede, el sonido que la rodea. La atisbo entre un montón de cosas inservibles y entonces intento retroceder o protegerme. Pocas veces lo logro. En la mayoría de las ocasiones llega a rozarme, a cubrirme e, incluso, a matarme. La crueldad siempre termina con una risotada. Nunca avisa, llega de puntillas y, cuando la zozobra se ha instalado en ti, se marcha de la misma manera que llegó, sin ruidos, amistosamente, como si fuera una obligación soportarla. 

Te preguntas entonces por qué a ti. Por qué tú. Revisas palmo a palmo tu vida, intentas buscar los errores, los momentos débiles en los que cediste sin entender que estabas dando demasiadas pistas. Pero no aparecen. Porque no están en ti, sino en el otro lado del ring. Escucho la crueldad y soy capaz de construir con ella una teoría pero todavía, incluso habiendo pasado tanto tiempo, tengo fresco su áspero silencio, ese escondrijo de la verdad en el que la verdad estorba. No vale explicarse ni explicarlo. Existe y tiene una vasta tela de araña que lo cubre todo. A ti también. Y a mí. Podrías escaparte si quisieras. Pero ese es su secreto. La cobardía. 

sábado, 18 de febrero de 2017

Una chica casi perfecta

Polly Solo-Miller es una chica casi perfecta. Hija de unos acaudalados judíos, miembro de una saga familiar en la que la abogacía es el principal medio de vida, amante cumplidora de las normas que su madre Wendy ha establecido, paciente observadora de lo que sus propios hermanos Henry el Joven y Paul han trazado como objetivo...

Polly es una mujer destinada a ser  una buena esposa y una buena madre. Eso parece pensar Henry Desmarest, de buena familia,  abogado, que terminará casándose con Polly y siendo el padre de sus dos preciosos hijos, Pete y Dee-Dee. 

Esta perfecta estructura familiar y social descansa en gran manera sobre los hombros de Polly. Su familia está acostumbrada a que todo lo haga de la forma adecuada, así que no existen fallos, no existen ranuras por las que el agua pueda colarse y reventar las tuberías de una vida acompasada y casi, casi, ideal.

Pero entonces aparece Lincoln, el hombre, un pintor bohemio, con gran talento y un enorme miedo a las relaciones largas, a la vida en común con una mujer, que se convertirá en el amante de Polly y, a la vez, en el enamorado que nunca creyó llegar a ser. La aparición de Lincoln genera un terremoto en la vida tranquila, ordenada y feliz de Polly. Y todo se convertirá en algo diferente a lo que era. Las citas familiares, el trabajo, la vida en su propia casa, la relación con su marido o sus hijos. Aflorará el sufrimiento, la duda, la infelicidad, pero, al mismo tiempo, la realidad de unos sentimientos más fuertes que nunca. En esa nueva forma de vida Polly entenderá que necesita algo que nunca ha tenido: amigos, confidentes. Y ahí estarán Martha y Mary, ninguna de las dos cercanas al círculo familiar pero, por ello mismo, dispuestas y perfectamente listas para entender a Polly y sus zozobras.


(Laurie Colwin con su hija, Rose)

La prosa de Laurie Colwin es maravillosa, limpia, acertada, llena de matices, como un dibujo a color que se va convirtiendo en un cuadro pleno de volúmenes y formas. Desgrana el cambio sufrido por la protagonista con la naturalidad que ese tipo de transformaciones lleva consigo en la vida real. Polly conduce la novela en todos sus tramos, omnipresente y también cambiante, a la vez que firme y dispuesta para la felicidad. No es amargura, sino certeza, el deseo feroz de que no se escape la vida entre las manos. No es perfección, sino lucha, intento, esa vorágine de los seres humanos por lograr asir lo que encuentra a su alrededor y sabe que va a llenarlo del líquido de la verdad. 


(Laurie Colwin en el Anuario de su Instituto)

Pocas veces una obra logra situarse tan cerca de tu propia vivencia, de tu propio corazón. Pocas veces un libro tiene el pálpito exacto del sentimiento femenino de ambivalencia entre la bondad y la búsqueda de la pasión; entre el orden y lo que debe ser y el deseo de vivir hasta el fondo. Ese pugilato que el corazón y la razón establecen en Polly es tan antiguo como el hombre. Pero no siempre se le presta la atención debida a pesar de que en esa tesitura se encuentran los sentimientos más elevados y también los más egoístas. 

Magnífico libro. Magnífica traducción. Maravillosa autora. Excelsa Laurie Colwin. Indispensable. 

Felicidad familiar. Laurie Colwin. Libros del Asteroide. 2017. Traducción de Antonio Prometeo-Moya. 


Reseña de la autora (Editorial Libros del Asteroide):

Laurie Colwin (1944-1992) fue una escritora norteamericana. Nació en Manhattan y estudió en el Bard College, la Universidad de Columbia y la Sorbonne. Brillante y cultivada, trabajó como editora y tradujo, del yidis, a Isaac Bashevis Singer. Sus muy celebradas obras le granjearon una reputación de prosista elegante y aguda, una moderna Jane Austen de la clase media-alta neoyorquina. Es autora de cinco novelas: Shine on, Bright and Dangerous Object (1975), Tantos días felices (1978), Family Happiness (1982), Goodbye without Leaving (1990) y A Big Storm Knocked It Over (1993); de tres libros de cuentos: Passion and Affect (1974), The Lone Pilgrim (1981), Another Marvelous Thing (1988); y de dos colecciones de ensayos sobre cocina –Home Cooking (1988) y More Home Cooking (1993)–, materia sobre la que escribió en distintos medios de comunicación. Murió a los cuarenta y ocho años de edad, en plena madurez creativa.

"Que Dios nos perdone" de Rodrigo Sorogoyen (2016)


Esta es una de esas películas que no te deja indiferente. O te atrapa o te molesta. Quizá porque esa es una de sus pretensiones. Y también porque mantiene una dureza en todos sus aspectos de la que nada se salva: no existe ningún “bueno” que pueda consolarnos de la maldad.

En el verano de 2011 convergen en Madrid los peregrinos que esperan la visita del Papa, Benedicto XVI, y los asambleístas del 15-M. Un ambiente cargado, tórrido, pleno de multitudes que ocupan el centro y las arterias que lo rodean.

En ese contexto problemático, en el que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad tienen que emplearse a fondo para evitar problemas de envergadura, unas ancianas comienzan a morir. Y lo hacen de modo escalofriante. En esto el director de la película no nos ahorra nada. Las escenas de mortuorio son lo más desagradable. La muerte presentada en su forma más obscena, más evidente y sin paliativos. Las ancianas mueren y la búsqueda del asesino une a dos policías, los inspectores Alfaro (Roberto Álamo) y Velarde (Antonio de la Torre), en un intento desesperado de cortar la sangría de víctimas.

Sus caracteres son diferentes entre sí pero ninguno de los dos es fácil. El tartamudeo emocional de Velarde, su timidez y su necesidad de encontrar un cuerpo de mujer que lo arrope en las duras noches tras el trabajo, parecen chocar de entrada con la feliz vida familiar de Alfaro, mujer hermosa y dos hijos, en una urbanización de esas con piscina y jardines en las que vive la gente tranquila. Pero nada es lo que parece y, al fin y al cabo, sus peripecias no son tan diferentes y sus finales menos aún.

Es una película compleja, con aristas que, en ocasiones, amenazan con chirriar y romper el delicado equilibrio del guión. Con comportamientos al límite y con escenas que llegan a producir en el espectador una suerte de hastío que revela la peripecia de la presentación y de la puesta en escena. Todo se vive al borde, sin sosiego, sin tiempo y sin esperanzas. Hay que encontrar al asesino y, quizá, hallar también otras miradas, otras formas de abordar la vida por parte de todos.

Los protagonistas sostienen el relato con la solvencia que de ellos conocemos, aunque son personajes antipáticos, que no nos gustan y que no quisiéramos conocer. Los policías se disputan entre ellos los casos, como suele pasar siempre en las películas, quien sabe si en la vida real y la única escena en la que parece fluir cierta compasión, cierta mirada tibia es, precisamente, la que pueblan las mujeres de la cuarta edad, sentadas en su mesa habitual de las meriendas, haciendo comentarios jocosos y comiéndoselo todo, hasta las migas, como dice con manifiesta pena Alfaro.

El entramado psicológico que sostiene las motivaciones criminales tiene, eso sí, escaso fuste, de tan simple y evidente. Pero no era esta la meta de la película ni parece importar mucho por qué pasan las cosas. Más bien lo que interesa es mostrar que pueden suceder y que, en determinados momentos de existencia al límite, no es fácil distinguir el bando bueno del bando de los malos.

Que Dios nos perdone. 2016. 125 m. Director: Rodrigo Sorogoyen
Guión
Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen Música: Olivier Arson
Fotografía
Alejandro de Pablo
Productora: 
Tornasol Films, Atresmedia cine, Mistry Producciones AIE, Hernández y Fernández P.C.
Reparto
Antonio de la Torre, Roberto Álamo, Javier Pereira, Luis Zahera, Raúl Prieto, María de Nati, María Ballesteros, José Luis García Pérez, Mónica López, Rocío Muñoz-Cobo, Teresa Lozano, Francisco Nortes, Andrés Gertrúdix, Jesús Caba, Alfonso Bassave, Raquel Pérez
Premios:
Mejor guión, Festival de San Sebastián 2016 Mejor actor, Roberto Álamo, Premios Feroz 2016 Mejor actor, Roberto Álamo, Premios Goya 2016 Seis nominaciones a los Premios Goya 2016.

viernes, 17 de febrero de 2017

"Las sombras de Quirke" de Benjamin Black

Las sombras de Quirke es el último libro publicado por John Banville bajo el pseudónimo (inútil porque no oculta nada) de Benjamin Black, que el autor utiliza para la novela negra. Todos sus lectores conocen esta dualidad y se han acostumbrado a ella. Y saben que el patólogo Quirke es un tipo extraño y peculiar que, a pesar de todo, siempre depara alguna sorpresa. De modo que este libro habla de sombras que no tienen nada que ver con esas otras más oscuras de Grey

En esta ocasión el habitual mal humor de Quirke, su cinismo y su descreimiento se acentúan porque lleva una buena temporada en el dique seco. Jaquecas y alucinaciones lo han obligado a tomarse un descanso y lo está viviendo, es un decir, en la casa de Mal, su hermano adoptivo, y la esposa de este, Rose, alguien a quien Quirke no le es en absoluto indiferente. 

David Sinclair, el joven novio de Phoebe, la hija de Quirke, y a la vez su ayudante, es el sustituto en ese tiempo de impasse. Pero aunque Sinclair se cree suficientemente preparado y aspira a ocupar pronto el puesto de su suegro como director del departamento de Patología del Hospital de la Sagrada Familia, he aquí que se topa con un caso que lo deja confuso y que lo lleva a buscar el consejo de Quirke

Este es el punto de partida del libro. El hecho que llama la atención de Sinclair es un golpe en la cabeza del cadáver que tiene sobre la mesa de autopsias. ¿Qué hace ese golpe contundente dado con un objeto romo en el cráneo de alguien que se ha suicidado lanzando su coche contra un árbol?. Se admiten apuestas.

Sin embargo, el libro podría subtitularse Quirke se enamora. Porque este hombre taciturno y lleno de problemas emocionales, que no se conoce a sí mismo y que vive en el límite de la razón y la locura, encuentra el amor en Evelyn Blake, una psicoanalista austríaca. Y también en esta ocasión el pasado convulso de su propia familia formará parte de la trama. Y, cómo no, las élites dublinesas, que retrata tan bien, políticos, eclesiásticos y poderosos. 

Las sombras de Quirke, publicado por Alfaguara en su serie Negra, y traducido al castellano por Nuria Barrios, es la séptima novela de Benjamin Black con este protagonista. El estilo breve, sincopado, fraseístico, de Banville se adecua perfectamente al relato de las peripecias de este hombre lleno de dudas, de traumas infantiles y de pesimismo. Un relato lacónico pero sin resultar telegráfico. Sin obviar los aspectos más sucios, más desagradables de su trabajo pero sin recrearse en ellos, salvo para hacernos entrar en ambiente. El carácter de Quirke, ya esbozado en sus obras anteriores, viene a reafirmarse aquí con algunas frases que lo definen sabiamente: 

"...no valoraba demasiado la amistad, ni siquiera en su juventud"
"Se sentía como un Robinson Crusoe que hubiera envejecido en la isla"
"Todas las parejas le parecían insólitas"
"Si has de estar al mando, has de aprender a ser actor"

jueves, 16 de febrero de 2017

"Oculto sendero" de Elena Fortún

La editorial Renacimiento ha rescatado una rara avis. Una de esas recuperaciones que suponen una aportación más allá de la propia literatura. Que resultan explicativas de momentos históricos y de formas de vida que ahora ya nos parecen lejanos e imposibles. 

Eso significa la publicación en 2016 de la novela inédita y autobiográfica de la escritora Elena Fortún Oculto sendero. Cualquiera que tenga nociones sobre la literatura infantil y juvenil del siglo XX tiene que saber que Celia fue un personaje creado por Elena Fortún, que comenzó a publicar las aventuras de esta niña en el suplemento infantil Gente menuda de la revista Blanco y Negro. Corría el año 1928. Celia pertenece a la mejor sociedad madrileña pero su visión de la vida es tremendamente crítica. Con este personaje la editorial Aguilar publicó una serie de libros que se ganaron el favor del público y en los que aparecían otros personajes fijos que acompañaban a la protagonista: Cuchifritín, Matonkiki, Patita y Mila. Así vieron la luz Celia, lo que dice; Celia en el colegio; Celia y sus amigos; Celia novelista; Celia madrecita. El manuscrito del último de ellos, Celia en la revolución, fechado en 1943 no vio la luz hasta 1987. 

El éxito de las entregas había sido apoteósico y de ahí el interés de la editorial Aguilar en publicar los libros, que fueron apareciendo y cosechando generaciones de lectores que seguían absortos las historias de la niña Celia, que iba creciendo, y sus choques con el mundo real, con el mundo de los adultos y con la forma de vida de la época, sobre la que ejercía una mirada implacable y crítica, trasunto de la propia autora y seguramente de su propia infancia. 

El personaje de Celia, unido ya para siempre a Elena Fortún y parte fundamental de la literatura infantil y juvenil en castellano, llegó a pasar a la televisión en forma de serie, en una producción de Televisión Española con la dirección de José Luis Borau y los guiones de Carmen Martín Gaite

Encarnación Aragoneses de Urquijo, verdadero nombre de la escritora (Madrid 1886-1952) pertenecía también a la clase más acomodada de la época y había estudiado Filosofía y Letras en un tiempo en el que pocas mujeres estudiaban, incluso las que tenían medios económicos. Se casó con el militar Eusebio de Gorbea y Lemmi. Ambos se exiliaron tras la Guerra Civil pues eran republicanos convencidos y Gorbea se suicidó en Buenos Aires en 1948. Antes de eso habían perdido al segundo de sus hijos. 

Oculto sendero es una novela de dudas, de indecisiones e incertidumbres. Lo que está bien según los usos sociales y lo que el corazón desea y necesita. La especial amistad de Fortún con Matilde Ras, sus tendencias sexuales, su ambivalencia a la hora de vivir y de pensar, sus contradicciones, todo ello aparece expuesto de una forma tan clara que es posible reconocer la humanidad de la autora en todo su recorrido. 

La edición del libro ha contado con una introducción y una selección bibliográfica que ocupan casi setenta páginas y que se antoja imprescindible para entender el contexto. Porque es el contexto el que nos arroja luz sobre el sentido del libro, sobre su contenido y su objetivo que no es otro que saldar una deuda consigo misma. Todo aquello que no me he atrevido a vivir en plenitud, todo aquello que puede ser contado pero no publicado. He ahí la gran paradoja de la obra que ahora ha resucitado Renacimiento con la aportación valiosísima de Nuria Capdevila-Argüelles y María Jesús Fraga, dos estudiosas de la vida y la obra de Elena Fortún. Ambas participaron en la antología crítica El camino es nuestro, con textos de Elena Fortún y Matilde Ras

No son las únicas que se han dedicado a reflexionar y escribir sobre ella, también lo hicieron Carmen Martín y Gaite y Marisol Dorao, profesora de la Universidad de Cádiz que publicó en 1999 Los mil sueños de Elena Fortún, anticipando ya esa dualidad que la autora presenta: la escritora de historias infantiles y la mujer atormentada que hablaba de sí misma como forma de conjurar sus fantasmas. 

Oculto sendero es un libro amargo y desesperanzado. Un testimonio que llama la atención sobre el significado de las renuncias y sobre la necesidad de vivir la vida de forma plena y sin atajos. En la misma dedicatoria de la autora se expresa ya esa intención: “A todos los que equivocaron su camino…y aún están a tiempo de rectificar”. 


Oculto sendero. Elena Fortún. Edición de Nuria Capdevila-Argüelles y María Jesús Fraga. Biblioteca Elena Fortún. Renacimiento. Sevilla, 2016. 

miércoles, 8 de febrero de 2017

"Un buen tipo" de Susan Beale

Si al leer este libro sacas la sensación de que Ted y Abigail son un matrimonio normal, con las frustraciones propias de ese estado, no estaremos de acuerdo. No debería haber nada de normal en la desesperación de ella porque su marido tiene tan poco tacto, repara escasamente en las cosas que su mujer hace bien y tanto en las que hace mal.

Tampoco en el descuido con que Abigail se toma los pequeños logros profesionales de su marido. Es verdad que vender neumáticos tiene poca poesía pero, al fin y al cabo, lleva varios meses siendo considerado por su empresa "el vendedor del mes". Algo es algo. Aunque ese algo no satisfaga al exigente padre de Abigail, ni a su madre, que esperaban bastante más para el esposo de su hija. Los matrimonios presuntamente desiguales siempre terminan pasando factura. Haría falta, para evitarlo, una ración extra de amor y otra de autoestima. 

Los domingos en casa de los padres de ella son una muestra evidente de que la pasión se ha desvanecido y ellos son ya una sombra de lo que fueron. Nada que no sepamos. La comida rutinaria y el pastel consabido no bastan, no son nada, para hacer soportable esa soledad de la pareja que ya no tiene nada que decirse. Tampoco da la sensación de que los encuentros con vecinas, con mujeres de su mismo entorno, sacudan la modorra rutinaria de Abigail, que tiene que lidiar con la casa y con la niña, llorona, impertinente y que no se lanza todavía a andar, a pesar de que tiene suficiente edad para ello. Ambos, Abigail y Ted, son personas desgraciadas, a las que la vida ha dado poco en comparación con esas cosas que existen por ahí y que otros disfrutan. Pero no lo parecen. He aquí la cuestión. Una suave neblina cubre la realidad y todo parece funcionar aunque nada funciona. 

Por ejemplo, está lo del baile. O la efervescencia de los encuentros inopinados en los que aparecen chicas menudas y de cabello negro. Eso lo logra atisbar Ted cuando, después de conocer a la pizpireta Penny, encuentra uno de sus guantes, perfumado, oliendo a mentol, en el coche y decide llevarlo a la tintorería para entregarlo a su dueña. Una pequeña decisión que traerá cola. Al tiempo. En el universo de un hombre aburrido una sencilla prenda de vestir de una chica atractiva y que lo ha mirado con atención suficiente como para valorar su trabajo, no puede ser despreciada. 

La novela tiene el acierto de intrigarnos. Comienza en 2008, cuando la madre de Abigail la llama urgentemente porque a su casa ha llegado una carta para ella, y da un salto atrás, en el momento en que esa carta va a ser abierta, hasta los años sesenta, los años del matrimonio de Ted y Abigail. Sospechamos quizá qué contiene esa carta, pero pasarán las páginas y no se nos dirá todavía. Las mariposas de la duda aletean por el estómago. Son parecidas a las del amor pero las del amor son más punzantes y juguetonas. Sin embargo, queremos saber qué dice, queremos confirmar si nuestras sospechas son ciertas, queremos seguir leyendo. Ese es el caso. 

La chica del vestido rojo, Penny, es secretaria y también tiene su historia. Y formará parte de una manera especial de la historia de Abigail y Ted. Pero contarlo sería quitaros la emoción del descubrimiento. Y eso no. 

Un buen tipo. Susan Beale. Colección Contemporánea. Alba Editorial. Traducción de Patricia Antón de Vez. Susan Beale es una periodista y editora que ha escrito su primera novela. 

martes, 7 de febrero de 2017

"La muñeca de nieve y otros cuentos" de Nathaniel Hawthorne

La muñeca de nieve es el primero de los quince cuentos que forman este libro. La reconocida maestría de Nathaniel Hawthorne (1804-1864) en el manejo del relato corto, de la narración condensada, se ve aquí sobradamente clara y plena de los matices que configuran su estilo.

Los otros cuentos son El gran rostro de piedra, La calle Mayor, Ethan Brand, Biografía de una campana, Sílfide Etherege, Los peregrinos de Canterbury, Noticias de ayer, El hombre de piedra, El demonio en el manuscrito, John Inglefield y el día de Acción de Gracias, La antigua Ticonderoga, Las esposas de los muertos, El gamoncillo y Mi pariente, el mayor Molineux.

Aunque de temas aparentemente sencillos, cotidianos, o quizá por eso mismo, la lectura de los cuentos de Hawthorne te provoca siempre un estremecimiento, un desasosiego, una sensación de amenaza, de que algo va a ocurrir y no vas a poder evitarlo. Una especie de sombra lúcida los atenaza y esa vivencia llega a contagiarse al lector, prendido en sus palabras, en sus frases largas y redondas, en el pulcro acabado que da a sus textos.

Tres características tienen estas historias al igual que toda su literatura: una técnica muy refinada y limpia; un trasfondo psicológico acentuado y el lirismo que sobrevuela toda la narración. La crítica a la sociedad puritana de Nueva Inglaterra que tanto daño hacía a personas y comunidades, está en el telón de fondo de todo lo que escribe. Él conocía muy bien ese puritanismo pues su madre se convirtió, tras la muerte de su padre cuando él era un niño, en una sombra oscura que no salía a la calle, precisamente por la observancia de esa ideología.

Hawthorne, que era natural de Salem (Massachussets, USA), era nieto precisamente del juez que actuó en los procesos de brujería de esa ciudad en el siglo XVII. Lo que se produce en él entonces es una reacción al ambiente de su propia familia y de su círculo más cercano.

Llegó a la literatura a través del gran éxito que obtuvo La letra escarlata, publicada en 1850. El caso, basado en hechos reales de Hester Prynne, condenada por haber tenido una hija después de cometer adulterio, conmocionó a la sociedad y a los lectores. Antes de eso había publicado una colección de cuentos Musgos de una vieja rectoría (1846) y tiempo atrás, cuando todavía era inspector de aduanas, la novela, financiada por él mismo, Fanshawe, en 1828.

Cuando en 1853 asumió el cargo de Presidente de los Estados Unidos de América su amigo de la infancia Franklin Pierce, lo nombró cónsul en Liverpool y allí vivió con su esposa y sus hijos desde ese año hasta 1857. Precisamente estaba en compañía de Pierce cuando falleció en Plymouth, a los 59 años,, en 1864.


La muñeca de nieve y otros cuentos. Traducción de Marcelo Cohen. Editorial Acantilado, 2017. 

sábado, 4 de febrero de 2017

"Vivir de noche" de Ben Affleck


"Live by Night" es una novela de Dennis Lehane que ha servido de argumento para esta película. Ben Affleck que ya ha demostrado sus dotes de guionista y director con anterioridad, acomete este trabajo y el de protagonista del film. Un neo-noir que quiere ser un homenaje al cine negro, al mundo de los gángster que tanto celuloide ha derramado, a los malos muy malos con malas intenciones y a las hermosas mujeres que pueblan los garitos del hampa. Cualquier novela de Dennis Lehane dará buenos resultados en el cine. Son, por así decirlo, muy cinematográficas, muy plásticas. Ahí están la adaptaciones de "Adiós, pequeña, adiós" o de "Mystic River". 

Aquí estamos en Boston en los años 20 y 30 del siglo XX. Un delincuente, como él se define, que no quiere ser un gángster pero que termina dejándose arrastrar por una pendiente de ron por destilar y de chasquidos de revólver. La traición de la primer mujer que ama, no la única, una rubia con doble juego que acabará mal, lo va a lanzar a un mundo que, en realidad, no le corresponde. No a él, el hijo de un comisario de policía que no es corrupto, como gran excepción en este ambiente. 

Desde Boston a Tampa, la espiral de violencia continúa. Una violencia plasmada en flashes que dan lugar a las escenas más logradas de la película. Eso y los bailes en los suburbios de Tampa, donde los cubanos hacen su agosto con las bebidas alcohólicas prohibidas por la ley seca. Los cuerpos morenos danzan en medio de una orgía de dinero y de malas artes. Allí encuentra Joseph, el protagonista, a la segunda mujer de su vida, al Ku-Klux-Klan, a algunos traidores y a un amigo fiel, ese que, a modo de escudero, tienen siempre los hombres poderosos. 

La tercera mujer en liza no lo será por él, sino contra él. A pesar de su sonrisa y su aspecto angelical, la hija del shérif, que dejará de ser una mujer de la vida para convertirse en una predicadora antivicio, será, al fin, la persona que logre vencerlo y la que le abra la puerta de la derrota. Quizá no tanto. Quizá esas imágenes últimas junto al mar, cuando el protagonista pasea de la mano de su pequeño hijo sean, finalmente, el secreto mejor guardado de la película, la resurrección de la serenidad frente al ardid de la violencia y el crimen. 

Vivir de noche. Película. Dirección, guión e interpretación de Ben Affleck. Sobre la novela del mismo título de Dennis Lehane. 2016. 

viernes, 3 de febrero de 2017

"La delicadeza" de David Foenkinos

La delicadeza es un libro escrito por David Foenkinos que el mismo autor convirtió en una película estrenada en 2011. Vi la película hace algún tiempo y me pareció que discurría por ese camino suave del cine francés que no molesta y sugiere. Una marea cómoda aunque a veces inquietante y siempre prometedora. 

El libro tiene, sin embargo, más fuerza y más entretenimiento. No anda en mares despaciosos sino que tiene suficiente brío como para engancharte en una lectura continuada que termina con el the end. Es un libro para leer de un tirón y que no te decepciona. 

Nathalie, ese nombre que recuerda la nostalgia, conoce a François de una forma encantadora: ella va por la calle y él la aborda. Me gustas, dice, vamos a tomar algo. Y mejor si es un zumo, un zumo de melocotón, la bebida ideal para representar a la chica de sus sueños. Es el hombre de su vida, advierte pronto ella, por su parte. Y a él le sucede lo mismo.

El conocimiento primero, la boda, el trabajo de ambos, la vida en común, todo eso forma el primer tercio del libro. Bonito, agradable, tranquilo, sugerente, vamos bien. 

Luego sucede la tragedia. El atropellamiento que terminará con la vida del marido, la viudez de Nathalie. Una muerte absurda y una situación nueva para ella, aunque tan repetida en la vida real que no es difícil imaginarse sus pensamientos y sus sensaciones. Las reacciones de sus amigos y familiares. Las de los compañeros de trabajo. Las viudas dejan de llamar la atención al poco tiempo de ocurrir el suceso porque siempre hay quien piensa que la pena caduca. 

Allí, en esa empresa multinacional, está Charles, el director, casado y aburrido, prendado de Nathalie, deseoso de ella. Pero no es hombre que pueda hacerle olvida,r ni siquiera remotamente, al hombre de su vida. Entre los compañeros está, sin embargo, Markus, un hombre normal, de esos que no tienen éxito con las mujeres, que no poseen un físico arrebatador, porque es alto, desmañado, algo torpe, pero también divertido, natural, delicado. Ah, la delicadeza. 

Por ahí discurre el libro en su segunda parte, por esa nueva relación que parece tener visos de ser efímera o de no llegar a ser nada pero que, quizá, quién lo sabe, suponga un nuevo revivir para Nathalie. Quizá aleje la nostalgia del pasado feliz este hombre venido del Norte, todo lo contrario de un Don Juan, más bien un tipo tierno y acomplejado. 

Lo mejor del libro es que te deja pensar sobre ti misma al leerlo. Las palabras no parecen interferir, sino adornar, inventar, sugerir, explicar, conllevar, armonizar.

Lo más divertido, la escena más llena de abiertas carcajadas, la cena entre Charles y Markus. Lo más curioso de todo lo que nos enseña es que se cumple el axioma: cuando menos te lo esperas. 


"La delicadeza" Libro. David Foenkinos. Seix Barral. 

"La delicadeza" Película. Audrey Tautou, François Damiens, Bruno Todeschini, Pio Marmaï, Mélanie Bernier, Monique Chaumette, Audrey Fleurot, Joséphine de Meaux, Émilie Simon, Marc Citti

Directores:David Foenkinos, Stéphane Foenkinos

David Foenkinos nació en 1974 en París. Es escritor y músico de jazz. Otras obras suyas publicadas en la misma editorial son Los recuerdos, de 2012; Estoy mucho mejor, de 2013; La biografía de Lennon, de 2013; Charlotte, de 2015. 

miércoles, 1 de febrero de 2017

"El tren de Lenin. Los orígenes de la revolución rusa" de Catherine Merridale

Uno de los acontecimientos históricos más fascinantes es, sin duda, la revolución rusa de 1917. Precisamente este próximo octubre se conmemora un siglo y por ello van a empezar a surgir textos de toda clase para acercarnos los hechos y para interpretarlos. El más temprano de estos libros es este "El tren de Lenin" que ha escrito Catherine Merridale, de la Academia Británica y autora de otras investigaciones históricas. 

El libro contiene hasta 39 imágenes, amén de mapas, cuadros y otros documentos gráficos que pueden servir para aclarar aspectos diversos del tema y se centra en la decisión del gobierno alemán, en los primeros meses de 1917, de ayudar a un grupo de revolucionarios exiliados en Suiza para que regresaran a Rusia con la esperanza de que contribuyesen a apartarla de la Primera Guerra Mundial, que había comenzado en 1914. 

Es así como llega Lenin a Petrogrado cambiando los objetivos iniciales de la revolución, esto es, deponer al zar y establecer una república burguesa, hacia un horizonte que conducía al socialismo. Sin duda un cambio que no solamente influyó para siempre en la vida de los protagonistas sino del mundo entero. 

La llegada de Lenin a Rusia en ese tren tuvo lugar en abril de 1917. Él, Vladímir Ilich Uliánov, era el líder exiliado de los bolcheviques. Su clara intención era utilizar las ideas de Karl Marx para convertirlas en el soporte teórico de una forma de gobernar. Su invento, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, se mantuvo a lo largo de setenta años y cambió el curso de la historia de la humanidad. Su ideología llegaría a otros lugares del globo, como China, Vietnam o Cuba, donde su pervivencia está, según parece, asegurada. Incluso el neo-comunismo o sus derivados siguen estando presentes en el ideario político de algunos países y partidos. 

Cualquier acontecimiento histórico de esta categoría merece ser conocido y estudiado desde todos sus puntos de vista. Merridale se detiene en el germen y su espacio temporal, el año de 1917, se recorre exhaustivamente con el fin de proporcionar los datos explicativos que nos aporten claves para que entendamos por qué fue posible el estallido y por qué triunfó. Asimismo, recorre literalmente todos los puntos que forman el recorrido del tren, constituyendo un trabajo de campo excepcional. 

Como todos los libros de historia leerlo supone adentrarse en el conocimiento de nosotros mismos. La lectura no es fácil porque está llena de topónimos y de nombres rusos que nos resultan extraños en su ortografía y su pronunciación. Pero merece la pena hacer el esfuerzo. Al fin y al cabo, es imposible opinar o comprender el mundo en el que vivimos sin profundizar en sus orígenes. Y aquí están muchas de las cuestiones acerca de las cuales nos seguimos formulando interrogantes. 

"El tren de Lenin. Los orígenes de la revolución rusa" de Catherine Merridale. Traducción al castellano de Juan Rabasseda. Editorial Crítica. Colección Memoria Crítica. Primera edición enero de 2017. 

martes, 31 de enero de 2017

Ryan, una banda de jazz y La la land, la ciudad de las estrellas


(Ese ambiente de los clubs de jazz, envueltos en humo y en música, se recrea a partir de Sebs, que toca el piano y que quiere serlo todo en la música)

No me interesaba demasiado el jazz hasta que un amigo me llevó a un concierto de John Pizzarelli y me convertí a su religión. Tampoco los musicales son cosa de mi predilección, aunque suene a herejía. Sin embargo, de esta película "La la land. La ciudad de las estrellas" hay dos cosas que me atraen por encima de todo: la música y Ryan Gosling. Probablemente el tipo al que mejor le sientan los trajes de todo el mundo mundial. 

Mia (Emma Stone) y Sebs (Ryan Gosling) se encuentran por casualidad o porque así el destino lo había previsto. Ambos tienen el mismo objetivo: triunfar. Ella quiere ser actriz y él se muere por el jazz clásico, el de toda la vida, el de un piano y no hace falta más. El amor que sienten queda en segundo lugar, triunfar es lo que importa. Por eso (y esto es un clarísimo spoiler) todo apunta a que acabarán cada uno por su lado. Podría suceder que uno de los dos decidiera que era mejor estar juntos que conseguir el triunfo. Pero ninguno lo piensa y ambos luchan por lograr su sitio en la ciudad de las estrellas, que no es otra que ese firmamento de triunfadores en el que hay nombres que brillan con luz propia. 


(Las cuatro chicas están pendiente de las audiciones que, de cuando en cuando, sacude sus vidas. Fracaso tras fracaso, Mia gasta su tiempo sirviendo cafés en el bar de los Estudios)

Los números musicales son lo mejor de la película. Porque el argumento ya está dicho y son la excusa para homenajear a Hollywood y al cine de los mayores sueños. Este de la foto en el que aparecen las cuatro chicas que comparten piso y audiciones es genial. Y el del inicio, con todos los automovilistas bailando en un atasco. El más impactante de todos es el que sucede en un club lleno de gente con la banda en la que toca Sebs y con la que va a triunfar. Música electrizante, primeros planos de los instrumentos, de las manos y los rostros, que te acercan la vivencia íntima de la música. Genial. 


(A veces uno termina por enamorarse sin remedio porque es imposible que el corazón se escape. Sebs y Mia son dos personas que comparten un deseo y que desean estar juntos)

Hay también edulcoradas escenas con claqué. Encuentros convertidos en chasquidos musicales y, sobre todo, una banda sonora que merece todos los premios del mundo. La virtualidad de los temas reside en que son capaces de hablar por sí mismos y de hacerte olvidar que estás al otro lado de la pantalla: puede incluso suceder que te pongas a bailar o que creas que formas parte de los bebedores de cerveza de los garitos. 


(Ryan Gosling es Sebs. Este hombre ha hecho de duro, de malo y de gángster. Pero aquí despliega determinación y ternura a partes iguales)

Cualquiera de nosotros puede leer en esta película la historia que quiera. Habla de los sueños que uno quería haber logrado y que se han quedado en el camino. Y también de que, al contrario que hacen los protagonistas, a veces se sacrifican esos sueños por el amor. Y el amor casi nunca está a la altura del sacrificio. Estos dos lo saben de sobra y por eso, aunque al final parezca que se echan muchísimo de menos en el momento en que se encuentran fuera de contexto y sin posibilidad de renacer, sería bastante peor andar rumiando el fracaso. Eso los hubiera separado de todas formas. 

Por eso, en el fondo la película habla del talento. Un talento baldío, guardado en un cajón o sin explosionar, es una deuda pendiente con nosotros mismos. La ciudad de las estrellas es la ciudad de la gente que se arriesgó a todo, incluso a vivir en soledad, por lograr que ese talento cristalizara al fin.

La la land. La ciudad de las estrellas. Película de 2016. 

Director
Guión
Damien Chazelle
Música
Justin Hurwitz
Fotografía
Linus Sandgren
Reparto
Productora
Summit Entertainment / Gilbert Films / Impostor Pictures / Marc Platt Productions

martes, 24 de enero de 2017

"A la intemperie" de Rosamond Lehmann

En Invitación al baile Rosamond Lehmann se detiene en la historia de Olivia cuando esta tiene diecisiete años y va a asistir a su primer baile. Cualquiera que haya tenido diecisiete años y tenido que lidiar con los preparativos, el desarrollo y las consecuencias de su presentación en sociedad, sea esta del estrato que sea, tiene una idea muy acertada de lo que se siente y lo que se anticipa. Es el tiempo de las dudas y también de algunas verdades que no pueden obviarse aunque quisiéramos. Los deseos que no se cumplen y las esperanzas que se terminan la misma noche en la que nacen. Pero también las extrañezas y el nacimiento de emociones que no esperabas y que existían agazapadas dentro de ti. Una iniciación sentimental en toda regla. 

Con esa misma perspicacia para ahondar en el alma femenina, recorrerla y mostrarla al lector, ahora podemos leer de esta autora su libro A la intemperie. Aquí Olivia es una mujer madura que reencuentra a su amor de la adolescencia y que tendrá que convivir con la ocultación y el disimulo. Mantener una doble vida requiere una habilidad especial, sobre todo en un mundo en el que la observancia social es tan estimada y salir de ella tan problemático. 

Un amor prohibido como este, donde uno de los protagonistas, el hombre, está casado, consta de muchas esperas, de muchos silencios y de expectativas que no pueden completarse. Exactamente igual que le ocurría a la Olivia joven del libro anterior. 

Escrutar el alma femenina y expresar sus emociones de una forma sincera y sin escatimar nada de lo que convierte los sueños de las mujeres en pesadillas, es un atributo de Rosamond Lehmann, quien además conoce a la perfección el mundo de la alta sociedad londinense y también el ambiente bohemio en el que los artistas se mueven y se mezclan en ritos raramente comprendidos desde el exterior. 

La autora, a la que la crítica sitúa en la misma línea estilística del modernismo literario que cultivaron Virginia Wolf, James Joyce o D. H. Lawrence, se adentra en la personalidad femenina con enorme comodidad y de esa incursión obtenemos un maravilloso retablo hecho de emociones, sentimientos, deseos, aspiraciones y unas actitudes conmovedoras que no siempre el mundo está capacitado para acoger. 

Rosamond Lehmann (Bourne End, Buckinghamshire, 1901 – Londres, 1990), la autora de A la intemperie fue hija del fundador de la revista Granta y editor del Daily News Rudolph Chambers Lehmann. También sus hermanos se dedicaron a la literatura y al teatro. Ella misma recibió una esmerada educación, estudiando en Cambridge

Su primera novela la publicó en 1927 (Dusty Answer) y la crítica la recibió con mucho interés. Después de eso otras obras suyas vieron la luz, como Invitación al baile, de 1932, que se publicó en 2015 en castellano por la misma editorial que ahora publica A la intemperie. Además de novelas, escribió una obra de teatro y una colección de cuentos. 

Es una escritora muy admirada y reconocida por los propios escritores, algunos de los cuales frecuentó en el llamado grupo de Bloomsbury

A la intemperie. Rosamond Lehmann. Erratanaturae. Publicación 30 de enero de 2017. Traducción de Regina López Muñoz. 

lunes, 23 de enero de 2017

"A merced de la tempestad" de Robertson Davies

Esta es la primera novela que escribió Robertson Davies., escritor canadiense al que, si no conoces, deberías apresurarte a conocer. Y la tempestad de la que habla el título es la del mismísimo William Shakespeare.

El argumento de la novela es engañosamente simple. Un grupo de teatro amateur que se denomina a sí mismo "Teatro Joven de Salterton" decide llevar a cabo la representación de La Tempestad. Estamos en los años cuarenta del siglo XX, en Canadá y en la ciudad imaginaria de Salterton, en la que Davies sitúa la acción de sus tres primeras novelas, que, aunque fueron escritas de forma independiente y así pueden leerse, se llaman por ello Trilogía de Salterton. La primera de las trilogías de un escritor excepcional que no goza en España del conocimiento público que su calidad merecería. 

El lugar elegido para la representación del grupo de teatro amateur de Salterton es bastante curioso y tendrá mucho que ver con las peripecias de los ensayos y con las circunstancias en las que estos se desarrollen, pues se trata nada menos que de los fastuosos jardines de la residencia de George Alexander Webster, que vive allí con sus hijas Griselda y Freddy. Además de ellos, otros personajes pululan por el libro, como el jardinero Tom o el profesor Hector Mackilwrait

Con ocasión de la reseña de su segunda novela, también perteneciente a la Trilogía de Salterton y titulada Levadura de malicia (cuya línea argumental es, sencillamente, magistral) ya traje a este blog la figura de Davies, que me deslumbró para siempre con ese libro y me reafirmó en su calidad más recientemente con el último de los escritos antes de morir Un hombre astuto, quizá el más completo de todos los que escribió, su obra maestra, entre otros muchos que han sido publicados por Libros del Asteroide editorial encargada de la feliz y necesaria tarea de trasladar al castellano y poner a nuestra disposición la obra de este extraordinario escritor, mucho más interesante en cuanto se profundiza en su obra. 

Robertson Davies (1913-1995) era canadiense y se le considera mundialmente famoso aunque, como digo, en España se le conoce poco todavía más allá del grupo de robertsonianos que lo siguen fervorosamente desde hace años. Estudió Literatura en Oxford y fue actor en el Old Vic Repertory Company, por lo que el tema de A merced de la tempestad y todo lo referente a los entresijos de una representación teatral le era muy cercano. En 1940 volvió a su país, Canadá, y allí se dedicó a trabajar como periodista, manteniendo una columna humorística con el seudónimo de Samuel Marchbanks. La continuidad de esa columna indica la capacidad de reinvención que tenía el escritor, cuya obra no solamente goza de una prosa perfecta sino de unos ingeniosos argumentos cuyos puntos de partida son, cuando menos, originales. En el año 1951 publicó esta novela, la primera de las suyas, seguida en 1954 de Levadura de malicia y en 1958 de Una mezcla de flaquezas, las tres de la Trilogía de Salterton

Luego escribió y publicó la Trilogía de Deptford: El quinto en discordia, 1970; Mantícora, 1972; El mundo de los prodigios, 1975. A continuación, la Trilogía de Cornish: Ángeles rebeldes, 1981; Lo que arraiga en el hueso, 1985; La lira de Orfeo, 1988. Además escribió la inacabada Trilogía de Toronto, con una única obra Asesinato y ánimas en pena de 1991. 

En los años sesenta dejó el periodismo y se dedicó a ejercer de profesor de literatura en la Universidad de Toronto. Su último libro, como he comentado, fue Un hombre astuto, magistral resumen de toda su literatura. 

"Reencuentro" de Margaret Deland

Mary Nort y su madre, la señora North, se instalan en Old Chester, que es un pequeño pueblo norteamericano. Viven en una casita sencilla y la mayor preocupación de Mary es cuidar a su madre. Frente a su casa vive, junto a su hijo y la esposa de este, un anciano llamado Alfred Price. Ironías de la vida. Alfred, en su juventud, se prendó de la madre de Mary, de soltera Letty Morris, y ambos planearon fugarse. 
El reencuentro que da título al libro es, pues, el de dos personas ancianas a los que la vida concede una segunda oportunidad en el ocaso de su vida. Claro que nada de esto puede realizarse, en un horizonte tan poco amplio como Old Chester, sin que haya cuchicheos, comentarios, cotilleos y todas esas conversaciones que sazonan las tardes de invierno y las dulces mañanas de verano. 
El pueblo revivirá al compás de la historia de Alfred y Letty; ellos sentirán que es posible amar en todas las edades y quizá también Mary aprenda algo. 
Este es el argumento de este delicioso libro que publicó en 2015 la editorial D´Epoca, en una colección exclusivamente dedicada a "nouvelles" vintages. Ah, las "nouvelles"...Tengo que deciros que es uno de los géneros literarios que más me gustan. Novelitas cortas en extensión pero llenas de sal y pimienta, suficientes para sazonar un buen guiso. Cuando las acabas, pronto desde luego, siempre te dejan un buen sabor de boca. En este caso el libro tiene un diseño precioso, recordando las publicaciones antiguas y es ideal para bibliófilos, para esa gente que, como yo, disfruta teniendo en sus manos una pequeña obra de arte. 
Pero ¿quién es Margaret Deland? ¿Quién es esta escritora de la que antes de este libro no había oído hablar? Deland nació en Pittsburg, Pensilvania, en 1857. Huérfana de madre fue educada por sus tíos y se casó con Lorin F. Deland, que poseía una editorial. Fue una activista por los derechos de las mujeres, en los que creía firmemente y defendió de forma pública. Escribió al menos 33 libros, entre los que hay novelas, colecciones de cuentos y poemas. Considerada dentro de la corriente del realismo americano, sus obras presentan el gusto por el detalle y por la exaltación de las emociones y sentimientos propios de otras autoras, como Elizabeth Gaskell, con quien ha sido comparada. Escribió una serie de libros centrados en la vida del pequeño pueblo de Old Chester, una especie de fresco de la sentimentalidad y el modo de vida bostonianos.

domingo, 22 de enero de 2017

"L´avenir" de Isabelle Huppert


Isabelle Huppert es Nathalie, una profesora de filosofía que ama su trabajo, a sus alumnos y a su familia. Mantiene una difícil relación con su madre, una mujer acabada que se resiste a cerrar su vida y sus sueños. Tiene dos hijos razonablemente bien criados y un marido. No se le conocen amigas de esas que te acompañan de compras y te consuelan. Su mejor amigo es un antiguo alumno, un muchacho contestario y lleno de ideas que pretenden ser nuevas y cambiar el mundo. Un clásico. En pocos años será funcionario del Estado y tendrá dos hijos, aunque eso no sale en la película. 


El marido de Isabelle Huppert la engaña. Descubierto el engaño por su hija, se ve abocado a decidirse y su decisión es marcharse con su joven amante. Es un hombre mayor, con un físico poco atractivo, también filósofo, pero que ha puesto punto y final a su vida de casado sin mayores escándalos. Cuando Huppert conoce lo que ocurre le dice adiós. No hay estruendos sentimentales, ni llantos, ni preguntas. Sencillamente él se va y ella sigue con su vida. 



La muerte de su madre, la adultez de sus hijos, el divorcio, todo eso convierten su vida en una búsqueda de objetivos. Ocurren los acontecimientos uno detrás de otro, como esas rachas que aparecen sin razón de ser y se prolongan hasta que nos devastan. Entonces ella se pregunta con sinceridad qué puede hacer y decide que su trabajo, sus alumnos y sus clases de filosofía, son suficientes para sentirse feliz. Así, con naturalidad, sin renuncias aparentes.

El último reducto de su madre, el último lazo, es una gata negra que se llama Pandora. La gata viaja con ella y se queda a vivir en el campo, en ese lugar supuestamente idílico donde su alumno-amigo Fabian, vive con su novia y otros comuneros. Todo tranquilo, nada chirría. Un río que transcurre tranquilo, al estilo de las películas francesas, pero que contiene píldoras que debes digerir con el mayor cuidado. 


Porque bajo esta aparente tranquilidad brillan algunos mensajes. La aceptación del engaño no impide que trace una línea certera de separación con lo que era su marido. Cuando, en una navidad, él se presenta por su antigua casa familiar para buscar a Schopenhauer y le cuente a ella que está solo porque su nueva pareja se ha ido a visitar a su familia, no va a encontrar comprensión ni sentimentalismo. Sencillamente Huppert le dará el libro, le deseará feliz navidad y le abrirá la puerta para que se marche. Si has terminado, has terminado, sin enredos pero sin medias tintas. 

Y será también esta forma de ver la vida sin dramatismo, pero con hondura, la que la llevará a entender la distancia que hay entre ella y su privilegiado exalumno, la que la hará asumir su soledad con la valentía de quien sabe que llamar la atención no es elegante y la que la va a convertir en una mujer equilibrada, digna, sabia y llena de emociones sin sufrimientos inútiles. La vida, ah, tal y como es la vida. Ahora y en el futuro. No tiene el síndrome de Afrodita y no necesita a un hombre para ser feliz. En todo caso, a Sócrates

L´Avenir, El porvenir. Película francesa de 2016. Dirigida por Mia Hansen-Love. Protagonizada por Isabelle Huppert. 

miércoles, 18 de enero de 2017

"Felicidad familiar" de Laurie Colwin

Laurie Colwin (Manhattan, New York, 1944-1992) es una autora que conocí a través de Libros del Asteroide con la publicación de su novela "Tantos días felices". Allí abordaba el tema de la amistad y el amor, tan unidos, a través de cuatro personajes: Guido, Vincent, Misty y Holly. Costumbrismo amoroso de la mejor especie. Novela de los sentimientos. Literatura emocional con su punto de observación cotidiana, tierna e inteligente. 

La escritora, que murió muy joven, fue una buena estudiante, una mujer brillante, editora y traductora. Como en sus personajes, su origen judío forma parte de su manera de entender la vida y las relaciones humanas. Escribió cinco novelas, algunas colecciones de cuentos y ensayos de cocina, lo que no deja de ser una mezcla muy curiosa que explica las alusiones culinarias que hay en sus obras y que las mujeres, al menos, siempre agradecemos. Y los chef, que son casi todos hombres. 

En este nuevo libro cuya publicación está prevista para dentro de unos días (me confieso deseosa de leerlo porque esto es una reseña previa, una campanita que lo anuncia), el centro de la narración es una familia, la de los Solo-Miller, descendientes de judíos holandeses llegados a USA antes de la Guerra y, por tanto, miembros fundadores de lo que hoy es ese singular país de países. 

La familia Solo-Miller, con ramificaciones en Londres, Boston, Filadelfia y Nueva York, emparenta, a través de la hija, Polly (de nombre real, Dora), con otra "primera familia", la de los Demarest, pues Henry Demarest será el marido de Polly. El jefe de la familia, el padre de Polly, es un hombre obsesionado con la comida orgánica y ella misma representa el ideal de la mujer moderna en la ciudad de la modernidad por excelencia. Un buen matrimonio, unos hermosos hijos, una vida acomodada y unas costumbres sociales llenas de ritos y de encuentros fructíferos a la hora de la conversación y los gestos, no parecen bastante, en realidad y por eso su aparente felicidad semeja la espuma de los días que un aire poderoso puede barrer en cualquier momento. Un vendaval con forma de pintor que, al tiempo que trastoca los sentimientos de Polly, tambalea los cimientos de su vida entera. 

La duda es si la perdurabilidad del amor sereno es capaz de resistir a las expectativas de la pasión. La duda es qué había de verdad en esa serenidad estética de la vida en familia, de los desayunos compartidos que se unen a los almuerzos, de la diletancia de las conversaciones y los comentarios maliciosos sobre los advenedizos. 

Pura delicadeza narrativa, auguro. Y un olor incesante a la fuerza de las emociones que no pueden pasar de largo por mucho que uno trabaje en la City o consuma lechugas ecológicas. 

Felicidad familiar, Laurie Colwin. Traducción de Antonio-Prometeo Moya Valle. Libros del Asteroide. Publicación 23 de enero de 2017. 


martes, 17 de enero de 2017

Cajas de madera antigua

En la calle, bulliciosa de por sí, se formó un jaleo de campeonato. La puerta del número 39 se había abierto estrepitosamente y dos de los hijos de la familia aparecieron en ella, con cara de pocos amigos, portando a rastras unas cajas de gastada madera que no tenían cubierta. Nadie podía ver lo que contenían, porque los espectadores espontáneos que llegaban atraídos por el ruido, no tenían suficiente ángulo de visión. Pero la niña de la casa de enfrente saltó por encima de los pies de los otros y se plantó delante y asomó la cabeza y metió la nariz y descubrió los libros. 

¡Son libros, son libros! gritó. Y el grupo de mirones se fue dispersando. A buenas horas iban a pararse en libros a la hora de la siesta porque a aquellos imberbes se les hubiera ocurrido hacer limpieza de buhardillas….Pero la niña entonces se sentó en medio de la calzada, que era de piedra, dura, gris y a veces transparente cuando la lluvia la regaba, y empezó a rebuscar con cierto gesto compulsivo, sacando de la caja los libros y regándolos a su alrededor mientras leía los títulos y manoseaba las portadas. 

Así estuvo un buen rato, tanto que llegó el anochecer, esa hora indecisa en la que no se sabe si comienza o acaba el día y que, por eso mismo, a ella no le gustaba. Pero, en esta ocasión, absorta en la caza de los libros no pudo evitar que las sombras de la noche golpearan de pronto su cabeza y le recordaran que ya debía estar en casa. Mientras tanto, los hermanos porteadores se habían marchado y no quedaba ni un alma en la calle salvo los libros, si es que tienen alma, la niña y las cajas de vieja madera. 

Una vez hubo terminado la inspección convino en que casi todos los libros le gustaban. Dos o tres muy pesados de jardinería y alguno de cocina estaban fuera de su interés. Pero tirar libros o dejarlos en el suelo le parecía un pecado. Quiso asegurarse de que podía disponer del hallazgo y llamó a la puerta del 39. Asomó la cabeza la madre, rectilínea y con gesto de pájaro, y le afirmó con monosílabos que sí, no quería los libros, que hiciera con ellos lo que le diera en gana. 

Entonces la niña volvió a su propia casa, rápidamente para que nadie pudiera adueñarse de aquel tesoro, y llamó a su legión de hermanas. Salieron todas: Beatriz, Úrsula, Irene, Inés, Violeta…se asomaron a la puerta y le dijeron que si estaba loca. Jajajajajajaja. Sí, contestó ella, pero ayudadme que tenemos que trasladar todo esto a casa. ¿Todo? ¿Ese montón de libracos y esas cajas vencidas? Sí, todo, afirmó resuelta la niña. Venga, ea, vamos palante.

Se formó allí mismo una extraña procesión que movía los libros de unas manos a otras, llegaban a la casa, los dejaban encima de una mesa, volvían a salir, cruzaban la calle, cogían otros libros y así mucho rato. Y luego las cajas, que amontonaron en la casapuerta en un sitio que no estorbara el paso. Las niñas se reían mientras hacían el trabajo y se empujaban a veces unas a otras, llenas de bromas y de dichos alegres. La noche las sorprendió a casi todas aprisionando un libro entre las manos y leyendo con ansia las palabra impresas. Así ocurrió también los días sucesivos. Algunos de esos libros existen todavía. Podrías verlos si te asomas sin ser visto por aquellas ventanas. En todo caso, leyeron, ya lo creo que leyeron. 

domingo, 15 de enero de 2017

Por qué hay que leer a Jane Austen


Siete de cada diez lectores de Jane Austen son mujeres. Siete de cada diez lectores de novela son mujeres. La escritora alertó en las primeras páginas de "La abadía de Northanger" del desprecio que hacia el género "novela" tenían los críticos literarios. La crítica literaria ya se cubría de gloria en aquellos tiempos, según parece. Yo añado: siete de cada diez lectores de lo que sea (excepto periódicos deportivos) son mujeres. 

Hay que leer a Jane Austen si quieres conocer los entresijos de la naturaleza humana. Cuando hablamos de naturaleza humana, lo hacemos de emociones, pensamientos, sentimientos y conductas. Olvídate del coaching (ese invento brutal por el cual supuestos magos nos convierten en oradores en un santiamén), olvídate del shopping (ya sabes, la terapia que deja hecha unos zorros tu tarjeta bancaria a base de recorrerte supuestas ofertas), olvídate de las redes sociales (y de esos "guapaaaaa" que te brindan tus "amigos" sabiendo que no son verdad). Olvídate de todo eso si quieres entender y entenderte. Jane Austen cuenta algunos hechos, no es como esos autores que te dan pelos y señales de todo lo que ocurre "se levantó, se lavó la cara, fue a la cocina, se hizo el desayuno, bla, bla, bla....), pero desentraña el interior como nadie. Desmenuza la vida, esa que se vive hacia dentro y se manifiesta hacia fuera. 

Hay que leer a Austen si quieres disfrutar de personajes únicos. Sin estereotipos, con enorme variedad de matices, hechos por dentro y por fuera, sin cartón piedra, nada de actores, personas, hombres y mujeres a los que puedes ver como si estuvieran delante tuya. Si algún día encontrara por la calle a Darcy lo reconocería. Y lo mismo puede decirse de los demás. Caracterizaciones fabulosas, hechas a cincel, sin esa pasada de simplicidad que usan otros, a fondo, totales. 

Hay que leerla si quieres divertirte con situaciones llenas de comicidad y de sentido del humor. Al contrario que las Brontë, tan plastas ellas, Jane Austen es una mujer graciosa, con un toque elegante y, a la vez, cáustico, ácido, corrosivo, incluso premeditadamente noir. Reir es una de las cosas que nos pueden hacer más felices y ella contribuye a esa felicidad por medio de una risa meditada, a veces de una risa llena de matices, otras, de una risa loca. 

Hay que leerla porque fomenta la conversación. Las conversaciones son el valor más seguro de los libros Austen. Hablar, hablar, hablar, pero no en plan verborrea absurda sino con sentido, sensibilidad, orgullo, prejuicio y buenas maneras. El arte de conversar, que parece haberse perdido, se recupera en estas novelas, donde los personajes dedican mucho tiempo a contarse cosas, a interrogarse acerca de la vida y a pormenorizar situaciones. 

Hay que leerla porque muestra lo beneficioso que es el interés por los demás. El cotilleo, cuando se lleva a las más altas cotas, es decir, cuando supone saber qué les pasa a los otros y tratar de descifrar sus conductas y motivaciones, es un ejercicio mental que pone las pilas. 

Hay que leerla porque nos produce ganas de pasear y de estar al aire libre. Jane Austen estaba en contra del sedentarismo. Todos sus personajes son andarines, sobre todo ellas, que dedican una parte del día al paseo y, en ocasiones, a ejercicios aún más fuertes. El aire libre y la naturaleza presenta grandes beneficios según la forma en la que en sus obras aparecen reflejados. 

Hay que leerla porque las mujeres no son bobas ni los hombres canallas. Austen huye de los maniqueísmos, da oportunidades a todos para que se formen su propia opinión y presentan a una sociedad con matices, con muchos matices, porque así es la vida y así son las situaciones humanas. Eso nos ayuda a pensar, a reflexionar y a observar cómo los humanos nos comportamos en las distintas ocasiones de la vida. Es un tratado filosófico del arte de vivir. 


Hay que leerla para entender muchas referencias literarias y cinematográficas que no puedes perderte.   En la película "Tienes un e-mail" Joe lee este libro que es el favorito de Kathleen, mientras espera la cita a ciegas. En "Diario de Bridget Jones", el personaje del protagonista está inspirado en el señor Darcy. La inspiración que ha supuesto Jane Austen para escritores, cineastas y artistas en general, es enorme.