sábado, 17 de junio de 2017

Lorca, residente


(De izquierda a derecha Pepín Bello, Lorca, Juan Centeno y Louis Eaton-Daniel en la Residencia. Fotografía de 1924. Archivo de la R. E.)

Aunque ahora nos parezca un sueño los primeros treinta y tantos años del siglo XX fueron un parnaso de sabiduría, inteligencia y arte, a pesar de que el país era casi analfabeto y que la universidad era un reducto para determinada clase social. Pero la cantidad y calidad de los artistas que ejercieron su talento en esos años ha hecho que se denomine Edad de Plata y casi de oro podríamos decir sin exagerar. Uno de esos artistas, el paradigma en muchos sentidos, es Federico García Lorca, a quien la definición de artista cuadra más que la de poeta o la de escritor, por cuanto era dramaturgo, arreglista y compositor de canciones, pintor, pianista y, por supuesto, poeta sensible y elevado. 

Hablar de la vida de Lorca en Granada es hacerlo de su casa familiar, la Huerta de San Vicente, donde pasaba los veranos y hacía vida de charla y visilleo. Pero, si nos referimos a Madrid, entonces Lorca es residente, pues allí, en la Residencia de Estudiantes, pasó diez años viviendo y otros cuántos como visitante asiduo y colaborador eminente. Esta institución había sido fundada, con los auspicios y el impulso de la Junta para la Ampliación de Estudios y de la Institución Libre de Enseñanza, ambos organismos imbuidos de europeísmo y del aire ilustrado que venía de Francisco Giner de los Ríos, de quien fue discípulo el primer director de la Residencia, el malagueño Alberto Jiménez Fraud. 


(Uno de los pabellones de la Residencia de Estudiantes en la actualidad)

Primero en un hotelito de la calle Fortuny, en el número 14 y desde 1915 en la llamada Colina de los Chopos, la Residencia se convirtió en poco tiempo en foco del saber, encuentro de mentalidades modernas, escenario de actividades de gran potencia intelectual y, en suma, referencia de la España culta de entonces. Por allí pasaron, bien como residentes o como conferenciantes y asiduos, personajes de la talla de Juan Ramón, Falla, Unamuno, Salinas, Ortega y Gasset, Severo Ochoa, Alberti, Dalí, Buñuel, Moreno Villa, Stravinsky, Le Corbusier, Einstein o Marie Curie. Además de otros que han pasado a la historia por haber alentado, animado y propiciado estos proyectos en los que el genio era patente. Caso por ejemplo de Pepín Bello, cuyas memorias publicadas hace unos años dan fe de esa efervescencia luminosa de la que fue privilegiado testigo. 

En fecha aún no determinada el legado lorquiano que la Residencia atesora (cartas, manuscritos, dibujos, composiciones, fotografías, cuadros, etc. ) pasará en su mayoría a formar parte del Centro Lorca que se está preparando en el corazón de la ciudad de Granada, junto a la Catedral, pero antes de que esa marcha se produzca habrá ocasión de contemplar el espacio Lorca en la Residencia de una forma estructurada y con criterios expositivos. Así se ha creado la muestra "Una habitación propia. Federico García Lorca en la Residencia de Estudiantes, 1919/1936" cuyo comisario es el catedrático de Literatura Española de la Universidad de Granada Andrés Soria Olmedo. 


(Louis Eaton-Daniel, Juan Centeno, Lorca, Emilio Prados y Pepín Bello. 1924. Foto tomada en la Residencia y perteneciente al Archivo de la Fundación Federico García Lorca) 

En la Residencia de Estudiantes, donde vivió desde 1919 a 1928 y que siguió frecuentando hasta su muerte, Lorca encontró la libertad que no tenía en Granada. Su desbordante imaginación, su creatividad, hallaron la correspondencia en otros espíritus libres, en otras personas con las que estableció lazos de afinidad y de amistad que fueron, seguramente, los más ciertos de su vida. Lorca confesaría en algún momento que su vida en Granada estaba atada a convenciones y a normas que no iban de acuerdo con lo que pensaba y necesitaba. Aún hoy, cuando se está preparando el Centro que lleva su nombre y que administra la Fundación Federico García Lorca que preside Laura García-Lorca, me pregunto qué decidiría el poeta si pudiera elegir: la alegre y bulliciosa vida cultural de Madrid, centrada en el viejo edificio de la Residencia, o la provinciana y familiar Granada. Creo que tengo la respuesta pero no es ese el motivo de esta reseña. 

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